Hay un segundo tipo de lugar secreto: el que compartimos con nosotros mismos. El que nos permite ser quienes realmente somos cuando nadie nos mira. Para el espÃritu solitario, ese lugar suele ser una biblioteca olvidada, una librerÃa de viejo en un sótano, el cuarto de una casa abandonada convertido en guarida de lecturas.
Aquà el secreto es diferente. No es compartido. O sÃ, pero con los fantasmas de los autores que habitan las páginas. Mantuvimos en secreto esos lugares porque eran los únicos donde podÃamos dejar de interpretar un papel. Donde podÃamos llorar sin vergüenza, reÃr a carcajadas con un poema o simplemente existir sin ser vistos.
La sección "- I" de este artÃculo nos recuerda que, antes de amar a otro, debemos amarnos en secreto. Y para eso necesitamos un lugar. Un banco en un parque que nadie más ocupa. Una mesa en la última fila de una cafeterÃa. El rincón de la terraza desde el que se ve el atardecer sin testigos.
Now you must choose. Will you keep the place secret forever? Or will you, by writing it down in this article (metaphorically), finally release it? Todos los lugares que mantuvimos en secreto - I...
The Spanish title uses the past tense: "mantuvimos" (we kept). Not "we keep." The battle is over. Some places are secret because they are gone.
Pensemos en el primer lugar que todos tuvimos que mantener en secreto. No fue por amor. Fue por miedo. El armario de la infancia, el rincón detrás del sofá, la caseta del jardÃn donde nos escondÃamos durante las tormentas o las peleas de nuestros padres. Ahà aprendimos el arte primitivo de la ocultación.
Ese fue el primer "lugar que mantuvimos en secreto". No se lo contábamos a nadie porque era nuestro refugio contra el mundo adulto, un útero alternativo que nosotros mismos construimos con mantas, linternas y libros rotos. La memoria de ese lugar es tan fuerte que, décadas después, al cerrar los ojos, podemos oler la humedad de la madera y el polvo de los rincones. Hay un segundo tipo de lugar secreto: el
El "- I" de nuestra historia comienza ahÃ. En la geometrÃa sagrada de la niñez. Ese lugar nos enseñó que el secreto no es una jaula, sino una armadura.
Si pensamos en la adolescencia, el mapa secreto se expande. Abandona las paredes de la casa y se vuelve nómada. El primer lugar secreto por antonomasia de esa época es el automóvil. No cualquier automóvil. El nuestro o el de un amigo con el tanque lleno de promesas y el cenicero rebosante.
AhÃ, estacionados frente a un lago o en un mirador industrial, creamos el primer espacio de intimidad elegida. No la del refugio del miedo, sino la del refugio del deseo. Las ventanas empañadas, la radio sonando a volumen bajo, las palabras dichas en susurros para que las musarañas del exterior no las escucharan. Pensemos en el primer lugar que todos tuvimos
Ese lugar se mantuvo en secreto porque, si nuestros padres lo supieran, la magia se romperÃa. Si los profesores lo adivinaran, la censura caerÃa. El automóvil era un templo móvil. Y cada beso, cada confesión, cada canción compartida era un ritual prohibido. ¿Cuántas historias de amor empezaron y terminaron en esos asientos de tela desgastada? ¿Cuántas lágrimas se secaron al volver a casa, justo antes de entrar?
"Todos los lugares que mantuvimos en secreto - I..." podrÃa titularse perfectamente "El asiento trasero del Ford Fiesta de 1998".
The "I" is the narrator. The full title would read: "All the places we kept secret: I." This is a confession. The narrator is saying: I am the keeper of these places. I am the archivist. And I am the only one left who still remembers the way there.