Veinte años después de su estreno, la respuesta es un rotundo sí, pero con matices. Alejandro Magno no es un viaje fácil. No es Troya (2004), que era un entretenimiento directo. Películas como El Cuaderno de la Vida no son. Alexander es una introspección sobre la soledad del poder, el peso de la profecía y la autodestrucción.
Si te gustan las películas históricas que se toman en serio a sí mismas, con una fotografía deslumbrante (Rodrigo Prieto, nominado al Oscar) y actuaciones que bordean lo teatral (especialmente Angelina Jolie, cuya Olimpia parece salida de una pesadilla), entonces debes verla.
Es, quizás, la única película de Hollywood que retrata sin tapujos la bisexualidad de un héroe clásico, tratando su relación con Hefestión y el eunuco Bagoas con una seriedad que pocas producciones actuales se atreven a mostrar. ver alejandro magno 2004
Estrenada en noviembre de 2004, Alejandro Magno llegaba a los cines con una carga de expectativas descomunal. Protagonizada por Colin Farrell en el papel principal, el reparto era un sueño de los dioses del Olimpo: Angelina Jolie como la enigmática y peligrosa madre, Olimpia; Val Kilmer como el rey Filipo II; Anthony Hopkins como el narrador (el general Ptolomeo), y Jared Leto como el inseparable Hefestión.
Oliver Stone se propuso algo más grande que una simple película de espadas y sandalias. Quería explorar la bisexualidad del conquistador, sus dilemas existenciales, su relación edípica con su madre y su obsesión por llegar a los confines del mundo. Stone buscaba una introspección freudiana en medio de la sangre y el polvo de batalla. ¿El resultado? Una cinta desmesurada, poética, violenta y, para muchos, incomprensible en su momento. Veinte años después de su estreno, la respuesta
Through its fragmented structure, its focus on Alexander’s Oedipal psychology, and its unflinching depiction of Macedonian culture, Alejandro Magno (2004) argues that Alexander’s greatness was inseparable from his self-destruction, and that his true failure was not military but political and emotional.
¿Es Alejandro Magno (2004) una obra maestra incomprendida o un desastre a gran escala? A casi dos décadas de su estreno, la película dirigida por Oliver Stone sigue siendo uno de los filmes más debatidos de la década de 2000. Si nunca la has visto o quieres revivirla, te contamos por qué ver Alejandro Magno sigue siendo una experiencia cinematográfica obligatoria para los amantes del género épico. Películas como El Cuaderno de la Vida no son
The film’s final act is its most revisionist. Typically, epics end with the hero’s death as a glorious fade-out. Alexander instead lingers on the aftermath: his generals (the Diadochi) surrounding his deathbed, asking to whom he leaves his empire. His famous answer—“to the strongest”—is presented not as stoic wisdom but as abdication. Stone argues that Alexander’s greatest flaw was his failure to create a political structure that outlasted his personality. He refused to name an heir, he alienated his Macedonian officers by adopting Persian customs, and he elevated friendship over statecraft. The final images are not of triumph but of his corpse lying in Babylon while his empire fractures into civil war. Ptolemy, the narrator, admits: “We were not men who could be ruled by one another.” The film concludes that Alexander united the world only through his own burning presence; without him, it fell apart.